martes, 26 de junio de 2018

¿De verdad vale la pena perder amigos por la política?

¿Realmente hay diferencias irreconciliables?

Mucho ha sido dicho después de nuestra más reciente elección presidencial, que marca un punto de quiebre en la historia de nuestro país, con una izquierda política más fortalecida que nunca en torno a un candidato cuyas capacidades son cuestionables, presentando un frente unido en contra de la tradición nacional de poder y clientelismo, con una política de terror empañando su historia turbia de corrupción y violencia. A pequeña escala la contienda sacó lo peor de los ciudadanos de a pie y en las redes se evidenció que la violencia verbal, la calumnia y el prejuicio fueron los más grandes ganadores de estas elecciones, que la falta de pensamiento crítico en el colombiano promedio es alarmante, y que aún debemos recorrer un largo camino para ser el país pacífico que queremos ser.
A raíz de eso he visto incontables llamados al respeto y la calma por parte de ciudadanos interesados, políticos, e incluso el gobierno nacional, tratando de instar a un debate sano y respetuoso, lejos de ataques personales. Y aunque estoy totalmente de acuerdo con este movimiento, he visto con frecuencia alarmante una linea de pensamiento en esta tendencia con la que simplemente no puedo estar de acuerdo: La idea de que las amistades o relaciones interpersonales deberían existir en una esfera independiente a la posición política de los involucrados.

Lo siento, pero, ¿soy la única que piensa que es la idea más ridícula? La noción de que como individuos somos independientes de lo político demuestra una falta de comprensión acerca de cómo es precisamente la política la que da forma a la vida que llevamos; es el tipo de creencia que lleva a la gente a creer que puede vivir sin interesarse por la política, a no educarse respecto a la forma como funciona, y participar en el ejercicio democrático sólo por un par de meses cada 4 años cuando debemos escoger un presidente nuevo y después sólo olvidar seguir la carrera y el cumplimiento de los compromisos de los gobernantes por el resto del tiempo, y concentrarse en el fútbol y en el drama de las celebridades mientras al país se lo llevan por delante.
Pero amigos míos, así NO es como funciona. Mientras ya vamos por nuestro 18vo capítulo consecutivo de House of Cards, hay políticos reales allá afuera haciendo leyes que gobiernan hasta el aspecto más pequeño de nuestra vida, desde cuánto es el salario mínimo, pasando por cuánto tenemos que pagar en impuestos por nuestro Netflix, qué cosas puede hacer su familia con su cadáver cuando ustedes mueran, hasta qué tipos de animales puedes tener de mascota y cuáles no.


Al vivir en sociedad debería ser claro para todos que participar en política y preocuparnos por ella no es sólo un derecho inalienable sino también una responsabilidad ciudadana, un deber que cumplir día a día, ya que no tenemos elección sino vivir atados por las consecuencias de la política desde el día que nacemos.
Siendo algo tan crucial, la participación y opinión política no es sólo una cuestión anecdótica, sino que una expresión de la forma como pensamos que la vida debe ser vivida, por nosotros y por los demás, una expresión de las morales por las que nos guiamos, ¿cómo se supone entonces que ignoremos las posiciones de los otros?
No tener problema con la posición política de alguien que nos amenaza es una seria disonancia cognitiva.

Lo último que intento decir es que debemos vivir en una guerra civil con cualquiera que se atreva a estar en desacuerdo con nosotros, pero una cierta cantidad de coherencia no le haría daño a nadie a la hora de elegir amigos y gente con la que compartir la vida. Sí, algunas diferencias son fáciles de sobrellevar y se puede llegar a compromisos, pero algunas simplemente no lo son, y me sorprende que algunas personas no puedan verlo, como dije antes sólo puedo atribuirlo a una falta de perspectiva, a una incapacidad para comprender lo cruciales que son las leyes en nuestras vidas, y así mismo, cuán peligrosas pueden ser potencialmente. Porque no todas las leyes son acerca de Netfflix y animales, las leyes afectan nuestras vidas al nivel más íntimo y delicado, y no todas las leyes son por definición “buenas”. La esclavitud era legal, después de todo, y aún hoy, en China, son los esposos quienes deciden acerca del cuerpo de la mujer; plot twist, ni siquiera estoy hablando del aborto (que, muy irónicamente, es más accesible que en nuestro país), sino acerca de cómo sólo la familia de la mujer puede autorizar que reciba una cesárea incluso en casos en los que es imposible el parto natural. Mujeres y bebés han muerto durante el parto al ser negada una cesárea muy necesaria. Así que no siento que sea exagerado pensar que la política y la forma como impacta nuestra vida es un tema demasiado importante para ser ignorado, y que es increíblemente incoherente ignorar la posición política de las personas en nuestra vida.
Por supuesto que todos pueden rodearse de quien quieran, pero me niego a conformarme a la idea de que soy grosera o inmadura o estoy mal de algún modo por no poder separar completamente a las personas de su posición política. En mi opinión, alguien que sea capaz de mantener una amistad cercana con alguien cuya posición política amenaza de alguna forma su integridad o identidad, quizás no comprende el poder de la política, o quizás tan sólo necesita ayuda psicológica con lo que claramente es una disonancia cognitiva. Yo muy respetuosamente me reservo el derecho de admisión a mi vida ante cualquiera cuya posición política me amenace, o amenace a las víctimas, los oprimidos y los vulnerables, y no me voy a sentir mal al respecto.

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